Harun al-Rashid

Espacio para el Ensayo, la Historia y el Arte

Un libro que marca época

GUERRA DEL PACÍFICO

Soldados sobrevivientes

Por don Alejandro Reyes Flores, Doctor en historia por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos
img070Sebastián Ajahuana Ccama, natural de Cojata, Huancané, Puno, soldado de pura raza aimara, su fotografía exorna la cubierta de esta obra de investigación

La naturaleza del libro

Resulta, para el administrador de este Blog, un señalado privilegio poder dar un alcance de esta obra elaborada tesoneramente por un experto en investigación histórica, para comodidad y auxilio de los historiadores, en especial aquellos dedicados a buscar información relativa a la que, con propiedad, debería titularse Guerra del Salitre, en sustitución de Guerra del Pacífico término manido, un tanto inflado, ceñido a la importancia que quiso darle la historiografía chilena.

La fuente de investigación ha sido el Archivo del Centro de Estudios Históricos Militares del Perú (CEMHP), importante repositorio de estos asuntos. El propio autor nos narra el pormenor de su tarea.

Guerra del Salitre, por cuanto estalló como consecuencia de la tenencia y explotación de un producto mineral que llenó la expectativa hegemónica de intereses mercantiles y políticos de sus sagaces propulsores, ayudados por la miopía y desdén de los responsables políticos del Perú: me refiero al nitrato, caliche o salitre de gran demanda internacional en especial de Europa, como abono pero mucho más rentable en la producción de pólvora.

La otra anotación liminar está relacionada con la naturaleza del libro, obra que por usar entradas alfabéticas, con valiosos datos de los grados militares, unidades de combate, hechos de guerra, en su mayoría de soldados en busca de una pensión o montepío, con resultado exitoso, incierto o sin él, constituye un meritísimo trabajo adaptado a la comodidad del diccionario. Ahondado en los anales post guerra, gracias al empeño y constancia del investigador y autor de la obra, quien por lo gigantesco de su tarea ha podido mostrarnos, por ahora, únicamente, 291 registros y 55 fotografías de sobrevivientes de guerra cuya nómina cubre de la letra A hasta la letra B. Queda pendiente los que siguen de la C a la Z.

De otro lado, el libro, con los registros básicos de los campos de batalla -sin proponérselo pues no es su tema- recrea en el lector las acciones de guerra a la simple lectura de las fichas de aquellos sobrevivientes, procedentes de todos los rincones patrios, actores de grandes combates y escaramuzas, desde las primeras que se dieron en Chipana, nuestros viejos límites con Bolivia sobre la margen derecha del río Loa, pasando por la formidable batalla de Tacna en las pampas de Intiorco y el asalto del Morro de Arica; los forzados desembarcos en Pisagua y su recia resistencia, la masacre de Germania; la impensada catástrofe de San Francisco; los desembarcos en Pisco, los de Bujama; la ocupación de Pachacamac y el valle de Lurín, la finta de Manchay y su fracaso del portachuelo de Rinconada de Ate; las grandes batallas de San Juan, Miraflores y Chorrillos, la toma de Lima; la victoriosa campaña de la Resistencia o de la Breña y los combates de Pucará, Marcavalle, Sangrar y el épico asalto y toma de Concepción, esta última con exterminio de una compañía chilena; las batallas postreras de San Pablo y Huamachuco y su epílogo, la firma del tratado de Ancón con su secuela que aún no disipa las sombras de aquella época, sin contar, por cierto, con la campaña marítima de Grau al mando del Huáscar y otras acciones navales. Pues de toda ellas resultaron soldados sobrevivientes y por esta razón cada entrada alfabética del libro es un vívido retorno a esos días de combate.

Pienso que desde las eruditas Memorias del general Mendiburu, que me resultan un placer revisar, cuando se trata de la época virreinal-republicana, pasando por unas cuantas obras dispersas de compiladores de las acciones militares del Perú, hasta los tres tomos del Diccionario Histórico de Tauro del Pino, no actualizado, la obra que nos presenta el Dr. Alejandro Reyes difiere de ellas, por su naturaleza ceñida a la data de investigación y a la sobriedad, se ha dado a las prensas de investigación histórica una sólida fuente, potencial en el tiempo.

Estamos, entonces, próximos a obtener una valiosa herramienta con relación a la Guerra del Salitre.

Nace un libro inédito en su concepción

La presentación de esta reciente producción del Dr. Alejandro Reyes, está en programa para el día sábado 13 de octubre del corriente año a las 11:00 horas, en el Salón General de la histórica Casona de la Universidad Mayor de San Marcos en el Parque Universitario, en la que académicamente nacerá una valiosa aunque inesperada obra de investigación especializada.

En tanto, para entender mejor aquella importancia, mostraré algunas entradas, ligeramente comentadas.

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En memoria de los sobrevivientes de la Guerra del Salitre

La obra en su contexto

Desde la entrada que correspondeCabo 2o. Abanto Duclos, Santiago alfabéticamente al combatiente, sobreviviente ABANTO DUCLOS, Santiago, resulta imposible no rememorar el clamor épico y la gran victoria peruana de la que el clase sobreviviente fue actor y testigo excepcional en la batalla de San Pablo, librada el 13 de julio de 1882, contra los regimientos chilenos bien dotados en personal, vitualla y armamento, a la que asistió, nuestro peticionario, en el grado de cabo 2º de la Segunda Compañía de Artillería, conducida por el coronel Daniel Nieto y comandante Fuentes y a órdenes directas del capitán Elías Bellido.

Registra la ficha su declaración de pobreza y ancianidad, en su domicilio fiscal de la calle Tarapacá s/n, y el domicilio legal del jirón José Gálvez No 30 de Cajamarca.

Su petitorio ocurre en los años difíciles propios de la senectud, por la que eleva formalmente ante las autoridades militares, el 11 de agosto de 1936 la solicitud con prueba testimonial para que le sea concedida una cédula de goce, ergo pensión y, a continuación. la denegatoria de la Comisión Calificadora por carecer de fundamentó legal, el 31 de diciembre de 1940, ratificada por Resolución Ministerial de 15 de abril de 1941, es decir cuando el suplicante contaba con 77 años de edad y por deducción había combatido muy joven disparado, animoso, eficiente y victoriosamente, las piezas artilleras peruanas de su compañía en las alturas de San Pablo, a los 18 años.

Soldado, Aguirre Hidalgo, Toribio

Aquella otra que pertenece a don AGUIRRE HIDALGO, Toribio, natural de Chorrillos, Lima; soldado que se dio de alta en 1876 quien por razones de salud solicitó y le fue concedida la baja para ofrecerse voluntario al estallar la guerra, alistado como soldado en el Batallón No 4, de Reserva y como tal combatió en la Batalla de Miraflores, el 15 de enero de 1881, una de las más sangrientas de la guerra.

Reubicado en la calle Gamarra No. 361, de la Urbanización Manzanilla, Lima, en escrito de 21 de marzo de 1937 se presentó como indígena chorrillos como participante a la citada batalla. Vista su solicitud y analizados sus documentos probatorios le fue concedida la respectiva solicitud que le otorgaba la pensión de 60 soles mensuales. Había nacido en Chorrillos en 1853, pensionista de guerra que falleció en Lima el 12 de mayo de 1943.

Sar. 2o, Augusto Angulo, PeraltaLa de ANGULO PERALTA, Augusto, natural del Callao. El 24 de agosto de 1880 fue nombrado sargento 2º de la Segunda Compañía No. 10 de Reserva. Participó el 15 de enero de 1881 en la batalla de Miraflores al directo mando del capitán Rafael Quiroz del Batallón que mandaba el Dr. Ramón Ribeyro.

Con domicilio en la calle Víctor Fajardo No. 121, Miraflores, Lima solicitó ante la Junta Calificadora haber sido sobreviviente de la batalla de Miraflores y actuadas las pruebas se le concedió la pensión de 60 soles mensuales. El fiscal objetó tal pensión alegando que todos los ciudadanos estuvieron obligados a inscribirse en defensa de la Patria cuándo la guerra contra Chile “[…]sin que este hecho signifique que todos ellos combatieron[…] pero el 19 de diciembre de 1938 se ordenó el pago de 720 soles por devengados, cuando ya contaba con 89 años. Nació en el Callao el 3 de setiembre de 1849.

Como siempre las objeciones jurídicas de los fiscales argumentan razones tenidas en peso para producir un rechazo, pese a que tal pensión de 60 soles estaba otorgada por Resolución Suprema, instrumento de la más elevada categoría que se basa o funda en los elementos probatorios actuados en instancias técnicas.

Basta con estas pruebas para conocer de primera mano la suerte de estos veteranos que eran rechazados en sus petitorios o atendidos, generalmente, en las etapas finales de la vida.

Del autor

El doctor Alejandro Reyes Flores, de amplísima experiencia académica, en su desempeño como Profesor de Historia y Director de Investigaciones Históricas, es, en consecuencia, autor de importantes obras, de ellas:

  • Investigación sobre Sindicatos en el Perú
  • Vida cotidiana en los pueblos de Cerro de Pasco, Demografía, Economía y Sociedad. Siglo XVIII
  • Contradicciones en el Perú colonial. Región Central. 1650-1810
  • La familia Montero; empresarios nacionales. Siglo XIX
  • América Latina en la década del 90
  • Huancavelica, Alhaja de la Corona. 1740-1790
  • Burguesía chilena y Guerra del Pacífico
  • Libertos en el Perú
  • Hacendados y comerciantes. Piura-Chachapoyas-Moyobamba-Lamas-Maynas. 1770-1820;
  • Calixto Romero. Para quitarse el sombrero. 1880-1920, y
  • Barrios Altos. La otra historia de Lima. Siglos XVIII – XX.

Artículos

  • Imágenes de Ayacucho colonial
  • Miguel Grau, La infancia en el mundo
  • De los Apeninos a los Andes
  • Los chinos en Lima. Siglo XIX
  • Desarrollo y Universidad
  • El Callejón del Fondo
  • El tesoro de los jesuitas
  • Naufragio Histórico
  • Los héroes anónimos
  • La voz de los sobrevivientes de la Guerra del Pacífico
  • La Bruja y otros

Y un agregado más, nuestro distinguido investigador, resulta descendiente, por la rama materna, de la familia Laura del distrito de Mito, los Verástegui Laura, uno de ellos, Verástegui Zamudio que combatió en la campaña del Centro, del feraz valle central del departamento de Junín; por ello lleva en las venas sangre de los indesmayables guerrilleros que asistieron a la campaña de la Breña, en especial el asalto y batalla de Concepción.

Sábado, 13 de octubre; 2018

Llamado a coparticipar de la presentación del libro del Dr. Reyes, con los cometarios del caso, se siguió el siguiente programa:
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Texto de los comentarios al Libro. Dr. Luis Siabala Valer

Señor Decano de la Facultad de Economía de la UNMSM, Magister Hoover Ríos Zuta; Doctor Alejandro Reyes Flores, ex profesor principal de Investigación e Historia del Perú de la UNMSM y autor de la obra Guerra del Pacífico, Soldados sobrevivientes; Doctor Ernesto Yepes del Castillo, Doctor en Sociología por la UNMSM, PhD por la Universidad de Mánchester; Economista Jorge Manco Zaconetti, profesor de la Facultad de Economía; damas y caballeros, distinguida concurrencia:

Invitado generosamente, sin otro mérito que la amistad, para participar activamente de la presentación de la reciente obra salida de las prensas, cuyo autor es el doctor Alejandro Reyes Flores, séame permitido comentar algunas características del libro que hoy nos convoca:

Para ello, una sucinta reseña del antecedente histórico:

La economía del Perú al finalizar el SXIX

El Perú, en abril de 1879, mostraba una sociedad mercantil predominantemente oligopólica. Los nitratos del sur peruano junto al depósito natural de guano de las islas, registraban las transacciones comerciales de mayor volumen en las cuentas fiscales, la primera de las citadas, el salitre, llevaba preferencia en los respectivos territorios de su explotación.

Así, tres países explotaban el salitre con arreglo a estas peculiaridades:

  • La república de Bolivia con importantes covacheras u oficinas del Estado en el extenso despoblado de Atacama y sus límites, con la república de Chile, en paralelos geográficos no solo inciertos sino movidos cartográficamente en razón de los tratados, se caracterizaba por una población de obreros, operarios y empleados en su gran totalidad de nacionalidad chilena, al servicio de los capitales provenientes de la Compañía del Salitre y Ferrocarril de Antofagasta, entidad destinada a la exploración y extracción del salitre en territorio boliviano. Por su lado, el personal boliviano en la provincia de Atacama, estacionado en su capital, el puerto de Antofagasta, se circunscribía al Intendente, a una docena de gendarmes de seguridad y los guardas de aduana, situación comodísima para al gobierno de La Paz que había dispuesto administrar, de esta sobria forma, aquella riqueza de las pampas. Esta flagrante negligencia habría de cobrarle a la postre un elevado precio.
  • La república del Perú, antes de la nacionalidad de las salitreras, la explotación se daba por concesionarios de las ricas vetas a flor de tierra en la Provincia Litoral de Tarapacá. Una región despoblada únicamente visitada por uno que otro explorador y, ocasionalmente, sus costas por marinos que hacían la aguada en la desembocadura del río Loa y alguna que otra de la escasa vertiente al Pacífico. Ese era el vasto territorio peruano que limitaba con la república del altiplano, en la margen derecha del río Loa, hasta el paralelo 23 del desierto de Atacama.
  • La república de Chile, con escasa producción propia en los desiertos al sur de Mejillones, estaba constituida en administradora del personal obrero y operario chileno en las tareas de la saca como dueño de los capitales aportados para la exploración, extracción, exportación y sus beneficios dentro del territorio boliviano.
  • Pero, en la práctica, existía una política de preponderancia hegemónica en las costas del Pacífico meridional de los puertos del Callao y Valparaíso.

El Perú, con el antecedente de haber sido 44 años antes la antigua sede del virreinato, aún ostentaba, en no pocos de los miembros de la sociedad, los resabios heredados de la antigua grandeza nobiliaria, de natural ociosa, y por corolario de lo dicho, contribuían a los ingresos fiscales el esfuerzo aislado de unos cuantos acomodados terratenientes, concesionarios en especial de las salitreras de Tarapacá.

Cuando el gobierno boliviano del general Hilarión Daza introdujo el impuesto de 10 centavos quintal de salitre extraído, que no fue reconocido por el usufructuario, alegado que este acto incumplía el estado de congelamiento por 25 años del susodicho precio y que en uso de las clausulas pusiera el impase a merced del laudo arbitral del emperador de Alemania, fue rechazado de plano este extremo por el mandatario boliviano quien expresó que bastaban los tribunales bolivianos. Entonces la poderosa sociedad capitalista, muy adicta al palacio de la Moneda a donde acudió, consiguió, el zarpe de unidades de la armada, naves que ocuparon la capital de la provincia de Atacama, desembarcando marinería y tropas de infantería en el puerto de Antofagasta, el 14 de febrero de 1879 apoderándose de las oficinas administrativas de la Aduana boliviana, sustituyendo con personal y tropa chilena a la equivalente nacional; fue un claro preludio de guerra y el gobierno boliviano declaró haber un estado de casus belli.

El Perú, compelido a honrar su parte de aliado salió en consecuencia a cumplir su rol en ese papel de defensor mancomunado, atado como estaba por el Tratado suscrito en Lima el 6 de febrero de 1873, que se conoce también como Tratado de Alianza Defensiva (Perú-Bolivia), Pacto Secreto Peru-Bolivia y también Tratado Riva Agüero-Bustamante, es decir por los apellidos de los ministros acreditados de las altas partes mandantes, los señores José de la Riva Agüero Looz Gorswaren, por el Perú y Juan de la Cruz Bustamante, por Bolivia.

Este tratado, destinado en la práctica a ser declarado, en el momento preciso el casus foederis lenguaje diplomático que significa razón de la alianza circunscrito a cualquier intervención beligerante extranjera, pero que tenía a Chile como el indicado, fue activada el domingo 6 de abril de 1879 y en consecuencia a ello el Perú al no aceptar la neutralidad y rotas las negociaciones, marchó a la guerra.

Vinieron luego las acciones militares conocidas, todas ellas enriquecidas, en estos nuevos tiempos con información que se va recogiendo en los tres países, historiografía que en mucho honra la memoria de quienes perdieron la vida o sobrevivieron bajo sus respectivas banderas, combatiendo desde las vastedades de los desiertos del sur donde enseñorea la neblina o camanchaca y crece el recio tamarugo, hasta los altos páramos serranos del norte y las profundas depresiones de la hermosa sierra central del Perú, dilatado territorio donde se vertió, profusa, la sangre de los combatientes.

Es decir, desde la acción naval de Chipana, al sur en el las márgenes del Loa, pasando por la batalla de Iquique; los forzados desembarcos en Pisagua; la inesperada derrota de San Francisco; la masacre de Pampa Germania; la vitoria peruana en Tarapacá; la muy peleada en las pampas de Intiorco, Alto de la Alianza o batalla de Tacna, donde las tres naciones concurrieron con sus ejércitos en pleno; fue la de Tacna, salvando las distancias y las proporciones de los beligerantes, una de las batallas modernas del S.XIX libradas en América. Vendría luego de la caída de Tacna y la contramarcha de los escasos aliados sobrevivientes a territorio boliviano para no regresar jamás rompiéndose de facto la alianza defensiva; la épica batalla del Morro de Arica; los desembarcos en Pisco, Chincha y las grandes batallas de San Juan, Chorrillos y Miraflores; la toma de una Lima en luto; para después oponer una paulatina y sostenida resistencia bajo al animoso estímulo del general en jefe, Andrés Avelino Cáceres, que logró una gran movilidad de los pueblos en los breñales del centro, que pelarían sin miramiento, victoriosos, incontenibles, al lado de tropas regulares, tal como lo describen los partes militares de las acciones de Marcavalle, Pucará, Sangrar y la toma y recuperación por asalto de Concepción; la victoria peruana de San Pablo, hasta el desastre de Huamachuco, al margen de otras escaramuzas y guerra de zapa por montoneros peruanos al acecho.

Se accede otorgar reconocimiento y pago de supervivencia de guerra

Pocos habían tenido acceso a los documentos, roles y documentos de recluta y movilización que obraba en repositorios y archivos militares, hasta que se dio la norma  después de las elecciones presidenciales en mayo de 1908, que eligieron presidente del Perú a don  Augusto B. Leguía hasta la dación de la Constitución Política de 1920, salvo las comisiones y juntas calificadoras que se sucedieron destinadas a la atención e informe de miles de solicitudes por el mandatario  Augusto B. Leguía, también sobreviviente de Miraflores. Empero las solicitudes aún fueron atendidas y hecho los pagos algunos años, más hasta su extinción total.

Corresponde acotar, que por la coyuntura política especial que se confrontó, nada se actuó con los sobrevivientes de la guerra Civil de 1884-1885, entre el ejército del general Manuel Iglesias Pino, avituallado por el ejército chileno y las tropas de regulares y montoneros del general Andrés A. Cáceres que finalmente entró triunfador a Lima.

Es decir, tropas que de alguna forma fueron las mismas que pelearon la Guerra del Salitre, interregno que oficialmente corre desde el sábado 5 de abril de 1879, al sábado 20 de octubre de 1883, día que fue suscrito el lesivo Tratado de Ancón, que ponía fin a la guerra y disponía la salida de las tropas chilenas de Lima y paulatinamente las del territorio nacional.

Este hecho de fin de las hostilidades y cesión de importante territorio del sur, se produjo justificado en el manifiesto a la nación llamado Grito de Montán, el 31 de agosto de 1882, por el general Manuel Iglesias Pino, en inteligencia con el general en jefe de ocupación comandante Patricio Lynch Solo Zaldívar, urgido por las autoridades de gobierno en Santiago de Chile, que veían prologarse la resistencia más allá de lo previsto, sin haber conseguido la tan ansiada rendición del Perú –rendición que jamás se produjo- y los consecuentes gastos de un ejército de ocupación ya cansado, paulatinamente deteriorando y con desertores en su haber.

La suerte de los militares sobrevivientes

En cuanto a las solicitudes de los sobrevivientes peticionarios la coyuntura política de 1908, cuando se dio la ley de indemnización cesó, como tenemos señalado, coincidente a la promulgación de la Constitución Política del Perú, del año 1920, quedó sellada cuando en 1920 se puso fin a la Constitución Política de más larga duración, votada en 1860 y suscrita por el general Ramón Castilla.

Del libro del doctor Alejandro Reyes Flores

Pero, en nuestros días, para fortuna de los actuales investigadores, un sector de rica veta ha sido descubierta, adecuadamente seleccionada, prolijamente escrita y documentada, y ahora queda a disposición de los investigadores y el público en general.

El doctor Alejandro Reyes Flores, el autor a quien lo distingue su vocación de investigador e historiador, profesor recientemente jubilado de esas especialidades de nuestra Universidad Mayor de San Marcos ha conseguido, luego de algunos años de brega y el concurso de algunos alumnos, ponerse en contacto con el espíritu de aquellos sobrevivientes de la Guerra del Pacífico y que don Mariano Paz Sueldan tituló Narración Histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia -que debería denominarse con propiedad Guerra del Salitre, hoy nos ofrece una importante herramienta bibliográfica al alcance del investigador en particular y del público lector en general.

Esta resulta ser, además de las virtudes señaladas, una obra donde se comulga el sentir de más de dos centenares de militares, durante el drama de la edad provecta, las menguadas fuentes de manutención de ingresos y su esperanzado petitorio para conseguir se les reconozca su condición de combatientes y con derecho a los beneficios pensionarios por su participación al servicio de la defensa del Perú en los campos de batalla.

Los archivos, en este caso, acervo del Instituto de Estudios Militares del Perú, conservan miles de expedientes con sus resoluciones de aceptación y denegación e indefinición.

La anotación resultante respecto a la extensión de la obra y su naturaleza, por usar entradas alfabéticas, con datos personales de los grados militares, unidades de combate, acciones de guerra de la que fueron directos actores aquellos soldados, clases y oficiales en busca de una pensión o montepío, constituye un meritísimo trabajo adaptado a la comodidad del diccionario, ahondado en los anales post guerra gracias al empeño y constancia del investigador y autor, quien por lo gigantesco de su tarea ha podido mostrarnos, por ahora, únicamente, 291 registros y 55 fotografías de sobrevivientes de guerra cuya nómina cubre de las letra A ala B.

Queda pendiente el reto de escribir la nómina que sigue de la C a la Z.

Algunos peticionarios asistieron a más de una batalla, otros a un sola y no faltó el anciano que declarase, sin éxito, haber asistido a toda la guerra.

He tomado tres fichas registradas por el doctor Alejandro Reyes Flores y las comento para destacar su importancia como instrumento de investigación:

La entrada que corresponde alfabéticamente al combatiente sobreviviente ABANTO DUCLOS, Santiago. Resulta imposible, de su lectura, no rememorar el clamor épico y la gran victoria peruana de la que participó este clase, actor y testigo excepcional de la batalla de San Pablo, librada el 13 de julio de 1882, contra regimientos chilenos ya veteranos bien dotados en personal, armamento, vitualla y ambulancia a la que asistió, en el grado de cabo 2º de la Segunda Compañía de Artillería, conducida por el coronel Daniel Nieto y el comandante Fuentes, a las directas órdenes del capitán Elías Bellido.

Registra, la respectiva ficha, su declaración de pobreza y ancianidad que transcurre en su domicilio fiscal de la calle Tarapacá s/n, y el domicilio legal del jirón José Gálvez Nº 30 de la ciudad de Cajamarca.

Su petitorio ocurre en los años difíciles propios de la senectud, por la que eleva formalmente ante las autoridades militares, es decir incluso fuera ya de los alcances de la ley en caducidad, el 11 de agosto de 1936, la solicitud con prueba testimonial para que le sea concedida una cédula de goce, ergo pensión y, a continuación la denegatoria de la Comisión Calificadora por carecer de fundamento legal, datada el 31 de diciembre de 1940, ratificada por Resolución Ministerial de 15 de abril de 1941, es decir cuando el suplicante contaba con 77 años de edad y por deducción que había combatido de 18 años disparado animoso, eficiente y victorioso las piezas artilleras peruanas de su compañía en las alturas de su amada San Pablo en  Cajamarca.

Aquella otra ficha que pertenece a don AGUIRRE HIDALGO, Toribio, natural de Chorrillos, Lima; soldado que se dio de alta en 1876, quien por razones de salud solicitó y le fue concedida la baja para ofrecerse voluntario al estallar la guerra tres años después, alistado como soldado en el Batallón Nº 4, de Reserva y que como tal combatió en la Batalla de Miraflores, el 15 de enero de 1881, una de las más sangrientas de la guerra.

Desarraigado de la destruida Chorrillos, reubicado en la calle Gamarra Nº 361, de la Urbanización Manzanilla, Lima, en escrito de 21 de marzo de 1937 se presentó como indígena chorrillos como participante a la citada batalla.

Vista su solicitud y analizados sus documentos probatorios le fue concedida la pensión de 60 soles mensuales. Había nacido en Chorrillos en 1853, en consecuencia, se enroló a los 28 años, pensionista de guerra que falleció en Lima el 12 de mayo de 1943 a la edad de 90 años.

La de ANGULO PERALTA, Augusto, natural del Callao. El 24 de agosto de 1880 fue nombrado sargento 2º de la Segunda Compañía No. 10 de Reserva. Participó el 15 de enero de 1881 en la batalla de Miraflores a directas órdenes del capitán Rafael Quiroz, del Batallón que mandaba el letrado doctor Ramón Ribeyro Álvarez que a la sazón se desempeñaba como Ministro de Justicia, Culto, Instrucción y Beneficencia del Perú.

Aquí consigno breves datos biográficos de este notable magistrado. El doctor Ramón Ribeyro Álvarez, nacido en Lima en 1839, mandó tropas en la batalla de Miraflores en 1881 a la edad de 42 años y falleció en 26 de agosto de 1916, después de ocupar diversas carteras ministeriales; fueron sus padres don Juan Antonio Ribeyro y Eulalia Álvarez del Villar Puelles. Su instrucción superior la hizo en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y es muy probable que sus grados de bachiller y de abogado los obtuviera en alguno de los recintos académicos de esta casona que hoy nos congrega.

Abogado, magistrado, catedrático universitario, conspicuo miembro de la institución de justicia, se batió al frente de sus hombres en el Reducto Nº2, ubicado junto a la línea del ferrocarril entre Lima y Chorrillos, allí se encontraba nuestro peticionario Augusto Angulo Peralta formando parte del efectivo del Batallón Nº 4, fuerte de 300 hombres.

Con domicilio en la calle Víctor Fajardo Nº 121, Miraflores, este solicitante ocurrió ante la Junta Calificadora exponiendo haber sido sobreviviente de la batalla de Miraflores y actuadas las pruebas se le concedió la pensión de 60 soles mensuales. Pero el fiscal objetó tal pensión alegando que todos los ciudadanos estuvieron obligados a inscribirse en defensa de la patria cuándo la guerra contra Chile “[…]sin que este hecho signifique que todos ellos combatieron […] pero el 19 de diciembre de 1938 se ordenó el pago de 720 soles por devengados, cuando ya contaba con 89 años. Nació en el Callao el 3 de setiembre de 1849 y había asistido a su puesto de combatiente a la edad de 32 años.

Baste con estas pruebas para conocer de primera mano la suerte de estos veteranos que eran rechazados en sus petitorios o atendidos, generalmente, en las etapas finales de la vida y, desde luego, la importancia del libro como fuente de investigación.

Finalmente, me permito añadir que a las dotes académicas del autor, doctor Alejandro Reyes Flores deben agregarse su amor al lugar que le vio nacer, los limeñísimos Barrios Altos, tan caro a sus recuerdos infantiles; y la inédita a su ascendencia por la rama materna, fincada en la comunidad de Mito, en los valles centrales de Junín, los Verátegui Laura, uno de ellos, el combatiente Verástegui Zamudio; por ello nuestro maestro lleva en las venas sangre de los indesmayables breñeros que actuaron con gran decisión, en especial el asalto y batalla de Concepción, hecho de armas que celebramos, desde lados contrapuestos de victoria y derrota, peruanos y chilenos cada 9 de julio.

Muchas gracias.

Algunas fotos a las que se sumarán otras oficiales en el transcurso de ser recibidas

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La mesa de honor presidida por el señor Decano de la Facultad de Economía, Magister Hover Ríos Zuta (Centro), lo acompañan, el Dr. Luis Siabala Valer, el Phd. Ernesto Yepes del Castillo y el Econ. Jorge Manco Zaconetti.

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El Dr. Siabala hace un recuento de la Guerra del Salitre y comenta el libro y su importancia, hasta hoy tan solo conservada en los repositorios militares. Una valiosda herramienta de investigación que abrirá detalles de las maciones militares singularmente  narradas por sus directos propagonistas.

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Entrega de la insignia de la UNMSM y diploma correspondiente, por el Econ. Señor Jorge Manco Zaconetti, docente principal de la Facuktad de Economía.
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Diploma de participación, al Dr. Luis Siabala
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Economista docente, don Jorge Manco Zaconetti, detalla las particularidades de investigación que le cupo al Dr. A. Reyes en el Primer Tomo y la invocación que el siguiente se haga posible muy pronto.

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Doctor Alejandro Reyes Flores, autor del libro, en uso de la palabra 

 

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Doctor A. Reyes, da cuenta detallada de la obra con la viva emoción didáctica con que es capaz de informar su experiencia.

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Diploma al PHd, Ernesto Yepes del Castillo por su brillante elocución y visión profética de la Guerra del Salitre

 

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Infantería [Máximo Ancho 640 Máxima Altura 480]

Navegación en la entrada única

6 pensamientos en “Un libro que marca época

  1. Mi estimado amigo don Luis Siabala. Es un enorme gusto encontrar su opinión sobre esta valiosa obra de los soldados sobrevivientes y su participación en el evento, ocurrido apenas hace un mes. La Guerra del Salitre, mostró lo peor de los que toman las decisiones al más alto nivel y lo mejor en la valentía de quienes dieron todo lo que tenían: su vida por la patria. Trataré de adquirir uno de los ejemplares y estaremos en contacto. Un abrazo.

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  2. Marco Campos en dijo:

    ¡Qué pena! que ingratitud de nuestra “justicia”. Se me parte el alma con cada “fiscalazo”.

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  3. Contenida mi emoción de leer una pulcra introducción que despierta la apetencia por el saber y la información de una obra digna de ser tenida como fuente creíble de consulta, agradezco con sinceridad la deferencia del Dr. Siabala, abogado e historiador de la Guerra del Salitre, quien presenta con acierto detalles y contenidos de un documento de largo aliento, exquisita mina que aporta razones para preservar en la memoria colectiva a ciudadanos valientes que salieron resueltos a cumplir una misión de defensa sin intereses subalternos, tenidos hoy en alta estima gracias al esfuerzo intelectual de don Alejandro Reyes.

    La posteridad quizo o no reivindicar al héroe, pero la memoria de ellos queda preservada para trascender del anonimato al protagonismo de hechos históricos que apuntaron al restablecimiento de la paz en una época marcada por la disputa administrativa de las riquezas e intereses de poder en esta parte del mundo.

    Considero que el propósito introductor cumple con la función que de ella se espera: preparar el espíritu ávido de saber para dirigir esta emoción hacia la senda de la verdad.

    Felicitaciones sinceras!

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